Por Víctor Barrera
En fechas reciente he escuchado hablar a empresarios y a gente del sector financiero sobre el Plan México, asegurando que ya están listos para continuar con el mismo, con el objetivo de alcanzar un desarrollo e incremento de infraestructura, de las empresas y lo necesario para obtener un al final del año un crecimiento superior al 2 por ciento y que este se vaya incrementado cada año hasta alcanzar un 6 por ciento.
Debo señalar que cuando se presentó el Plan, fui uno de los que manifestó que en el papel mostraba signos positivos y que de aplicarse esto podría detonar el crecimiento económico del país y por supuesto el mejoramiento en la calidad de vida de muchos mexicanos.
El problema es que este, Plan México, no ha detonado esto porque no se ha
logrado aterrizar las inversiones suficientes para empezar el camino al crecimiento económico.
Esto ultimo es consecuencia de la forma en la cual ahora se establece el organigrama del gobierno federal, que resulta bastante burocrático y es ahí donde se pierde el camino para concretar inversiones.
Claudia Sheinbaum, en varias ocasiones se ha sentado con empresarios, los escucha y entiende sus problemas, pero también detecta los obstáculos. Gira instrucciones para que fluyan las inversiones en el país.
El problema es, como ya señalé, el proceso demasiado burocrático que se mantiene, porque para que una inversión se establezca en la creación de empresas, es necesario permisos de muchas instituciones y secretarias. Como son el del Medio Ambiente que vigila que la construcción de empresas o plantas industriales no destruyan o contaminen los recursos naturales.
En esta parte entran permisos de Conagua, y de la CFE para poder la factibilidad de contar con los servicios suficientes para la instalación de las plantas industriales.
En cuánto el aspecto financiero, son la Secretaría de Economía y la Secretaría de Hacienda quienes deben ver la viabilidad de los recursos a favor de las empresas.
Pero también entran los gobiernos municipales y estatales que deben otorgar los permisos y facilidades para establecer dentro de sus demarcaciones esas plantas industriales.
Entonces, aun cuando desde Palacio Nacional se dé la orden de agilizar los procesos para captar inversiones, los tramites ralentizan el procedimiento.
A principios de la semana se dio a conocer un nuevo Reglamento Interior de la Oficina de la Presidencia de la República. Pero no cambio absolutamente nada para agilizar los procesos de apertura de más empresas y la aplicación de inversiones.
Lo único que se hizo es transformar algunos nombres y funciones de la gente cercana a la presidencia, pero quien tiene la última palabra para decidir sigue siendo el poder Ejecutivo, lo que no vario en nada.
Cuando observamos que desde la mañana se toma al menos dos horas para realizar una conferencia de prensa y después se realizan varios actos por parte de la presidencia de la república, llegamos a la conclusión que no existe tiempo suficiente para determinar algunas cosas.
Esto es, el trámite burocrático desde la presidencia pasa por varias oficinas para que la repuesta presidencial llegue a quienes deberán aprobar la instalación de una planta industrial, por lo que se lleva meses para dicho fin.
Entonces la pregunta es ¿Cuándo se acortarán los tiempos de decisión para aprobar la inyección de inversiones?
Las inversiones no se destraban con porcentajes de avance en una presentación, sino cuando se completó todo el proceso. Entonces es cuando se empieza el camino del crecimiento. Pero mientras que los tiempos de respuestas sigan pasando por muchas oficinas y que estos se traben, seguiremos solo escuchando que existe la posibilidad de captar grandes cantidades de inversiones. Pero lo que se requiere es que estas ya empiecen a darse.
