Por Víctor Barrera


Nadie en el mundo puede negar que los mexicanos somos las personas más alegres, que hasta en las situaciones más difíciles siempre sacamos algo positivo. Por eso es que todos quieren ser amigos de los mexicanos.

Sin embargo, ser amigo de alguien no significa que ese alguien puede confiar ciegamente para colocar sus inversiones en nuestro país. Porque existen factores, que hemos comentado varias veces, que nos ponen en la desconfianza de muchos de esos amigos.

Todo esto empezó cuando a través de promesas y de una narrativa que buscaba solo captar la atención sin explicar cómo se lograrían muchas de esas promesas

Se dijo que se acabaría con al opacidad del gobierno y entraríamos a una caja de cristal, donde la transparencia seria el factor fundamental. Pero lo primero que se realizó fue extinguir los organismos autónomos que sirvieron como contrapesos institucionales y ahora la opacidad es mayor.

Después se realizó una reforma al Poder Judicial que convirtió la administración de la justicia en apéndice del aparato político, aumentando la incertidumbre de los amigos. Porque nadie colocaría sus capitales en un país donde no existe el respeto al Estado de derecho.

Pero tampoco se ofrece certeza de una democracia real, ante la colonización que se ha hecho de los organismos electorales que podría tener consecuencias sus decisiones y resoluciones.

Y por si fuera poco, ahora se pretende controlar la conversación pública, a través de una regulación no pedida. Esto con el argumento de equilibrar la información algo que por supuesto estrecha los márgenes de la libertad de expresión.

Probablemente esto pase inadvertido para la mayoría de la gente que cada día está más preocupada por la falta de un empleo que le permita llevar el suficiente ingreso para alimentar a su familia y sobrevivir en una economía estancada.

Pero para los inversionistas, las agencias calificadoras, los fondos de inversión y los mercados bursátiles mundiales todos esos cambios no pasan inadvertidos porque ven en cada decisión del gobierno federal la incertidumbre y desconfianza crece. Porque en cualquier análisis que realice un inversionista, los puntos negativos son superiores a los positivos y esto inhibe la inversión.

Es probable que desde Palacio Nacional se piense que controlar todo significa un avance en el desarrollo del país y sus pobladores. Sin embargo, no se han puesto a pensar que en la economía global la pérdida de la credibilidad y la desconfianza son elementos de consecuencias negativas para una mayoría de la población y más para quienes prometieron trabajar para ellos, que son los pobres.