Por Víctor Barrera

Se aprobó, en el senado de la república, el Plan B sobre la iniciativa de reforma electoral que envío claudia Sheinbaum, sin embargo, esta sigue sin poner a la ciudadanía como el centro del desarrollo democrático del país, es decir, se sigue sin tomar en cuenta en las decisiones de modificaciones a quienes con su voto decidirán el rumbo democrático y político del país.

Esto es derivado porque la iniciativa presentada parte desde el poder y no de la ciudadanía misma y esto por supuesto deja incompleta esta reforma.

Es cierto que la oposición en el país ha disminuido, no así la voluntad de la gente para votar a favor o en contra de estos partidos políticos.

Esta iniciativa, aprobada ayer, no consulto a la ciudadanía, y mucho menos busco el dialogo con la oposición que son actores importantes para la democracia del país y se construyó bajo el interés prioritario de Morena, del PVEM y PT

Recordemos que la alianza Morena, PT y PVEM ganaron solamente con un poco más de la tercera parte en del total del padrón electoral y que la oposición sumada a la abstención por votar es mayor al 50 por ciento, lo que implicaría forzosamente que esta reforma fuera consensuada por todos los actores partidos políticos y ciudadanía. Porque la construcción de la democracia no puede concentrarse en un solo partido o coalición, porque es solo un lado de ver las cosas.

Lo que hasta ahora se ha realizado con las reformas aprobadas anteriormente y esta, es que todas ellas apuntan al control, a la concentración de poder, más que a la pluralidad y diversificación de la vida política.

Desde el poder Ejecutivo existe la negación del dialogo con la oposición y esto se replica en el Congreso de la Unión. Este último solo se ha utilizado como el instrumento para consolidar a este régimen y no como el lugar donde se escucha y se llega a consensos de beneficio para todos.

La aprobación del Plan B paso únicamente como una batalla al interior de los partidos aliados con Morena y no prospero hacia la oposición. Es decir, se discutieron intereses políticos de tres partidos y no de seis existentes en el contexto nacional y mucho menos el interés social de la ciudadanía.

Si el gobierno se asume como el único representante del “pueblo” poco o nada importa la opinión de la oposición y mucho menos de la ciudadanía. Colocándonos en un autoritarismo y no en una democracia

Se dice que es válido disentir, pero se señala a quienes piensan distinto y los califican de traidores a la patria. Pero no se discute una democracia que parta de la participación colectiva bajo el respeto de las diferencias, porque es más importante concentrar el poder para que las decisiones sean unilaterales.

Por ello la ciudadanía deberá utilizar su herramienta más poderosa que es el voto para elegir el camino que debe tomar el país para ir a una democracia real y no a una que se representa en un partido único.

Porque si queremos crecer en democracia y en el bienestar social debe partir de la ciudadanía misma, de todos sus representantes y de un consenso real de las opiniones.

Al país le urge establecer una representación plural que impida que un solo partido sea quien decida. Lamentablemente los intereses de uno pocos están sobre la mayoría y eso no es democracia aun cuando se inventen que el total de la población voto por ellos.