Manuel Cifuentes Vargas

Ciertamente la democracia no es la forma política perfecta de convivencia político social. Nunca ha habido una que lo haya sido, porque en los sistemas de gobierno, no existe la perfección; es decir, no es el paraíso político terrenal. El edén; el nirvana no está ni es propio de la política, aunque esta sea el espacio civilizado para la organización y la convivencia humana; y menos de los gobiernos. Pero la democracia es la mejor que siempre se ha tenido desde que nació en su antigua y milenaria cuna griega. Y desde entonces, permanentemente, se ha librado la eterna lucha por la democracia y, a su vez, de la democracia contra el autoritarismo, la tiranía y la dictadura, independientemente de los teñidos ideológicos que han tenido éstos ultimos. En suma, contra los absolutismos de gobierno. Por lo tanto, sin lugar a equivocación, es el mejor sistema de gobierno que hasta nuestro tiempo tenemos, no obstante, digan lo que digan sus críticos y detractores.

Históricamente formas de gobierno han ido y venido en todo tiempo y espacio; pero hasta hoy, la democracia ha demostrado, por mucho, ser la mejor para el bien de todos, porque en ella caben todos sin distinción ni discriminación alguna, y todas las expresiones políticas; es más, de mayorías y minorías por igual, porque todos tienen derecho a existir, a pensar y a manifestar sus sentimientos políticos y visiones de futuro. Esto es, a vivir, a participar, a ser oídos, a ser tomados en cuenta y a aspirar a mejores umbrales de vida. Los atributos fundamentales de la democracia, como derecho humano que lo es, son propios de los derechos humanos y, éstos a su vez, lo son de la democracia. Por eso son consustanciales. Se pertenecen y se corresponden; se nutren y vigorizan mutuamente de manera permanente.

Como todo lo perfectible que es la obra humana, la democracia en su tránsito se ha oxigenado y refrescado adaptándose al cambio de cada tiempo y lugar. Por eso continuamente abona su terreno para establecer y ofrecer el espacio fértil y generoso para el logro de más y mejores derechos y calidad de convivencia humana, así como mejor democracia. Y estos derechos a su vez, correspondiendo a su generosidad, la retroalimentan, dándole más vitalidad y nuevos bríos, para entre ambos, democracia y derechos humanos, llegar a mejores estadios de vida para los pueblos.

Ahora bien, las cartas constitutivas de los organismos internacionales en sus considerandos y articulados respectivos hablan de humanismo, de paz, de cooperación, de desarrollo y de seguridad internacional, entre otras líneas conceptuales, en las que va implícito el aliento democrático.

Así, la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), firmada el 26 de junio de 1945 en San Francisco California, en los Estados Unidos de América, y que entró en vigor en el 24 de octubre del mismo año, en algunos de sus párrafos de su preámbulo expresa: “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos” “a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y en el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas.” “A promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad.”

Y ya en su artículo 1 señala explícitamente que, entre sus propósitos y principios, está: “3. Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, y sin hacer distinción por motivos de raza, sexo idioma o región; y 4. Servir de centro que armonice los esfuerzos de las naciones por alcanzar estos propósitos comunes.” En el artículo 13 dice que: “1. La Asamblea General promoverá estudios y hará recomendaciones para los fines siguientes: a. Fomentar la cooperación internacional en el campo político e impulsar el desarrollo progresivo del derecho internacional y su codificación; b. Fomentar la cooperación internacional en materia de carácter económico, social, cultural, educativo y sanitario y ayudar a hacer efectivos los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción con motivos de raza, sexo, idioma o religión.”

Después indica en su artículo 55 que: “Con el propósito de crear las condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones, basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, la Organización promoverá: a. niveles de vida más elevados, trabajo permanente para todos, y condiciones de progreso y desarrollo económico y social;” c. El respeto universal a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, y la efectividad de tales derechos y libertades.” “Artículo 62. 2. El Consejo Económico y Social podrá hacer recomendaciones con el objeto de promover el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, y a la efectividad de tales derechos y libertades.”

Más adelante apunta: “Artículo 68. El Consejo Económico y Social establecerá comisiones de orden económico y social y para la promoción de los derechos humanos, así como las demás comisiones necesarias para el desempeño de sus funciones.” “Artículo 73. Los Miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio, reconocen el principio de que los intereses de los habitantes de estos territorios están por encima de todo, aceptan como un encargo sagrado la obligación de promover en todo lo posible, dentro del sistema de paz y de seguridad internacionales establecido por esta Carta, el bienestar de los habitantes de esos territorios, …” “Artículo 76. Los objetivos básicos del régimen de administración fiduciaria, de acuerdo con los Propósitos de las Naciones Unidas enunciados en el Artículo 1 de esta Carta, serán: c. Promover el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, así como el reconocimiento de la independencia de los pueblos del mundo; …”

De la lectura de la Carta de la ONU se observa que camina sobre dos piernas: la paz y la seguridad internacional, que es la razón de su creación; pero también, rastreando en todo su cuerpo normativo, se puede observar que entre sus propósitos torales está el del respeto y promoción de los derechos humanos y de los derechos fundamentales. Tan es así, que a través del tiempo ha estimulado la progresividad tanto de estos derechos como del Derecho Internacional, conforme a lo dispuesto en su artículo 13.

Si bien la Carta fundacional de la ONU no utiliza en su preámbulo ni en el cuerpo de su articulado el término “democracia”, ni habla textualmente de que se procurará que los países sean demócratas, también lo es que omitió contemplar este vocablo debido a que en ese entonces la URSS y el Reino Unido no estuvieron de acuerdo en que se incluyera por motivos muy propios, que en otro espacio abordaremos con más detalle. Sin embargo, consideramos que del espíritu de sus propósitos y principios previstos en el preámbulo y en los artículos antes citados se desprende el ánimo de este organismo por la instauración de la democracia.

Tan es así, que después, acorde con estos propósitos y principios, expidió la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre” del 10 de diciembre de 1948, en la que, por cierto, no utiliza en su texto la voz “democracia”; pero que alude a ella al establecer en su artículo 21 como derecho humano la realización de elecciones periódicas mediante sufragio universal, igual y secreto, poniendo énfasis en el aseguramiento de la libertad del voto. Ciertamente, con esto, solo hace referencia a una de las facetas de la democracia; es decir, a la democracia electoral; pero ya fue un avance el que se dió en el concepto tan amplio que tiene la democracia.

No obstante, la ONU preocupada por la democracia, ha creado varios organismos y programas mediante los cuales despliega sus acciones y actividades en favor de ésta, a través de la constitución de varias organizaciones especializadas, como lo es el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia (FNUD), entre muchos otros que sería prolijo citar en este artículo, así como la realización de diversos eventos y documentos de talla internacional que ha emitido, como parte de la construcción progresiva de la convencionalidad del Derecho en el ramo de la democracia.

Dos ejemplos de éstos, es el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos adoptado por la ONU el 16 de diciembre de 1966 y el cual entró en vigor el 23 de marzo de 1976, en cuyo texto, por cierto, tampoco se emplea literalmente la palabra “democracia” como sustantivo, pero sí la expresión “sociedad democrática” como adjetivo, en los artículos 14.1, 21 y 22.2, con lo que se instituye “… la base jurídica de los principios de la democracia en el Derecho Internacional…”, al plasmar varias aristas de la amplia gama que comprende esta elocución y concepto. Vale precisar que el Pacto describe a la democracia sin nombrarla; aunque solo se refiera a su renglón electoral (artículo 25) y a otras de sus astillas como la libertad de expresión y de prensa (Articulo 19); de reunión (Artículo 21); de asociación (Artículo 22) y de igualdad ante la ley y no discriminación (Artículo 26), entre otras.

No es sino hasta la Resolución 1999/57 – Promoción del Derecho a la Democracia, aprobada el 27 de abril de 1999, de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, cuando por primera vez usa el sustantivo “democracia” en su título y texto, al asentar en dos de sus considerandos lo siguiente: “Reconociendo que la democracia, el desarrollo y el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales son interdependientes y se refuerzan mutuamente, y que la democracia se basa en la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales y en su participación plena en todos los aspectos de su vida. Y “Reconociendo también la riqueza y diversidad de la comunidad de las democracias del mundo.” De igual manera, también maneja en sus considerandos, expresiones como “sociedad democrática”, y puntualiza que está “resuelta…a asegurar a todos los pueblos los derechos y libertades democráticos fundamentales…”

En los dos numerales siguientes dice que: “1. Afirma que la democracia favorece la plena realización de todos los derechos humanos, y viceversa.” “2. Afirma también que los derechos de un gobierno democrático comprende entre otros los siguientes:” libertad de pensamiento, opinión y de expresión, religión, asociación y reunión pacífica; equidad en la administración de justicia e independencia del poder judicial; derecho al sufragio universal e igual y elecciones libres y periódicas: a la participación política e igualdad de oportunidades para presentarse como candidatos; gobierno transparentes y responsables; derecho a elegir sus sistema de gobierno por medios constitucionales democráticos; y el derecho de igualdad para el acceso a la función pública. Todo esto, como “parte integrante de una sociedad democrática”.

Y en el “Documento Final de la Cumbre Mundial 2005” A/RES/60/1, aprobada el día 16 de septiembre de 2005, publicada el 24 de octubre de ese año, en su texto se recurre a esta palabra para consagrar en varios de sus párrafos, tales como el “Párrafo 119. Reafirmamos que la democracia es un valor universal basado en la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales y su plena participación en todos los aspectos de su vida.

“Reafirmamos también que, si bien las democracias comparten características comunes, no existe un modelo único de democracia, y que la democracia no pertenece a ningún país o región.

“Párrafo 120. Reafirmamos que la democracia, el desarrollo y el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales son interdependientes y se refuerzan mutuamente.”

“Párrafo 135. Reafirmamos que la democracia es un valor universal basado en la voluntad libremente expresada de los pueblos de determinar su propio sistema político, económico, social y cultural y su participación plena en todos los aspectos de sus vidas.

“Reafirmamos también que, si bien las democracias comparten características comunes, no existe un modelo único de democracia, que no pertenece a ningún país o región y reafirmamos la necesidad de respetar debidamente la soberanía y el derecho a la libre determinación.

“Párrafo 136. Renovamos nuestro compromiso de apoyar la democracia fortaleciendo la capacidad de los países para aplicar los principios y prácticas de la democracia y resolvemos fortalecer la capacidad de las Naciones Unidas para prestar asistencia a los Estados Miembros que la soliciten.”

Vale destacar también, que entre una multitud de actividades de muy variada temática que ha realizado la ONU para promocionar y catapultar a la democracia, destaca el que el 8 de noviembre de 2007, proclamó el 15 de septiembre como el “Día Internacional de la Democracia”, lo cual se puede leer en su Resolutivo A/RES/62/7 – “Apoyo del sistema de las Naciones Unidas a los esfuerzos de los gobiernos para promover y consolidar las democracias nuevas o restablecidas.”

Este andamiaje institucional internacional democrático prístino, auténtico y pleno, es el que garantiza la vigencia total de los derechos humanos y la vida de la democracia. No hay estado de derecho democrático genuino y cristalino, si no hay quien garantice la seguridad jurídica para tal fin. Para ello, se necesita una institucionalidad clara, precisa y firme para hacerla valer totalmente y, al final del día, que la garantice. Y ésta, para que sea universal, solo está en la voluntad y en manos de la ONU.

Las sociedades organizadas y todos sus integrantes, por tener el derecho humano a vivir en democracia. Porque la democracia es un derecho humano y, por ende, es la mejor garantía para hacerlos reales, válidos, efectivos y potenciarlos. Porque los organismos internacionales, regionales, continentales y mundiales contemplan y prevén a la democracia en sus cartas fundacionales como sistema de gobierno de los países firmantes y, desde luego, de sus respectivos pueblos como titulares de su soberanía. Porque la normativa convencional y constitucional de los estados, la consideran como garantía de la mejor forma y estilo de vida, así como por razones de humanidad, debe declararse a la democracia patrimonio de la humanidad. Esta es su razón, motivo y fundamento político jurídico.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), al margen de que ya exista el “Día Internacional de la Democracia”, bien podría declarar a un año determinado, como el “año de la democracia como sistema de vida y de gobierno”, para coadyuvar a desestimular la creación e instalación de gobiernos totalitarios, así como para fortalecer y arraigar una cultura de la democracia en el mundo. A la par, igualmente podría llevar a cabo en estos tiempos de cambios, otra cumbre mundial sobre la democracia, en la cual se le blinde y catapulte haciendo una declaratoria de la democracia como patrimonio de la humanidad.

No hacerlo, me parece que sería como convalidar o consentir que existan gobiernos que violen y pisoteen los derechos humanos de sus pueblos, lo cual sería contrario a su propia aura, fines, principios y valores que animaron su constitución. Para decirlo con palabras populares, “hacerse de la vista gorda”; o como también expresa una conocida frase: “Dejar hacer, dejar pasar” que sigan existiendo países con gobiernos antidemocráticos que violentan los derechos humanos. Ya es tiempo de inhibir y cerrarle la puerta a los autoritarismos, tiranías y dictaduras. También ya es tiempo y considero saludable que la ONU contemple en su Carta Constitutiva la palabra “democracia”, como un concepto y práctica universal de avanzada civilización democrática a instalarse en el mundo entero.

Como hemos visto en esta breve genealogía y ruta de la aceptación e inclusión de la democracia en los documentos oficiales de la ONU; primero lo fue hasta 1999 en que fue reconocida como un derecho humano y, después, en el 2005 como un valor universal, pienso que ahora bien haría, después de este viacrucis por el que pasó, que es deber y obligación de la ONU elevar a la democracia a la categoría de patrimonio jurídico de la humanidad. De esta manera ya no sería solo un derecho y valor humano, sino ahora un bien común universal, que tendría el deber y obligación de proteger, al igual que todos los países del mundo. Tal y como lo hace con los fondos marinos internacionales y sus recursos minerales, con la luna y los cuerpos celestes, con la Antártida, con el espectro radioeléctrico y la órbita geoestacionaria y con los recursos fitogenéticos que se ha determinado por distintos organismos y tratados. Lo anterior, también al margen del otro tipo de tratamiento que la UNESCO le da a las pirámides y centros históricos de “Patrimonio Mundial de la Humanidad”.

Con esta propuesta y llamamiento a la ONU, tendría la oportunidad de crear una nueva categoría de Patrimonio Político Común de la Humanidad, en la que estaría contemplada la democracia. Considero que este sería un principio político que por primera vez tendría este tratamiento normado por parte de la ONU, para que a la democracia ya no se le vuelva a excluir o a omitir, y pase a ser imborrable.

Los países y la ONU tienen el razonable deber y obligación humana, jurídica, moral, política, social, cultural, histórica e institucional de resguardar e impulsar los derechos humanos y a la democracia hacía mejores horizontes en el mundo y hacia el interior de los propios países, en una suerte de círculo virtuoso, porque es parte de estos derechos colectivos y comunes de la humanidad a vivir en ella, a fin de lograr la seguridad, la armonía, el bienestar, la paz, el desarrollo y la felicidad. Por eso se hace este llamado para que dicho organismo internacional haga esta declaratoria.

Si la democracia es un derecho humano y un valor universal, tal y como lo dice la propia ONU, luego entonces, está más que justificado que declare a la “Democracia Patrimonio de la Humanidad y, por ende, se le considere “Patrimonio Político Común de la Humanidad”.