UNA BREVE 

Emilio Trinidad Zaldívar

Como equilibrista de circo en la cuerda floja, Marina del Pilar Ávila Olmeda parece deslizarse hacia su inminente caída, sin embargo, esa cuerda -sumamente resistente hasta hoy- ha sido trenzada desde Palenque y más que cuerda se asemeja a gruesa varilla de acero porque desde Morena el silencio cobija y ella ni se cae ni la cuerda se rompe. 

A otra (Maru Campos, gobernadora de Chihuahua) ya estarían intentando llevarla al paredón de fusilamiento si ella se hubiera atrevido a ofrecer vender información de seguridad nacional a Estados Unidos, a cambio de un beneficio personal para conservar su libertad y con ello obtener impunidad. 

Claudia Sheinbaum sólo puede defender a la aún gobernadora de Baja California, porque eso le ordena Andrés Manuel López Obrador y ella -casi como aquel decía- le pertenece a él. 

Pobre ridículo el que hace la señora que ocupa indignamente el Palacio Nacional, cuando a los suyos les coloca el manto protector de la enfermiza impunidad que daña la convivencia social y pulveriza cualquier ley y sobre todo nuestra Constitución. 

Ambas -presidenta y gobernadora- son piñatas de fiesta; ambas exhibidas; ambas insignificantes para los caprichos de la Unión Americana cuando tome la decisión de actuar en contra de los cárteles de los de Morena. 

Sheinbaum defiende a una #narcogobernadora que se la jugó además a favor de Adán Augusto López y no de ella, pero no tiene ni dignidad ni las agallas ni la autoridad para sacudirse el enorme lastre que representa sostener a Ávila Olmeda en el cargo. 

Mientras tanto, ésta, la gobernadora de Baja California, se aprovecha de la debilidad de la que habita el Palacio Nacional para empujar a sus cartas e intentar colocar a su sucesor o sucesora, buscando que a su salida le cuiden las espaldas. 

Marina del Pilar Ávila Olmeda insiste en que si no es la senadora Julieta Ramírez su sucesora, lo sea Ismael Burgueño, alcalde con licencia de Tijuana, socio de su ex esposo y quien tiene un enorme negocio con la exitosa extorsión que hacen sus muchachitos de la policía municipal, aunado a los jugosos acuerdos económicos que logran desde la Oficialía Mayor del ayuntamiento y desde las áreas de Administración, Finanzas y Obras Públicas, para embolsarse altas comisiones como pago a “la generosidad” de darles negocios a empresarios amigos. 

En Estados Unidos tienen a la gobernadora de Baja California catalogada como lavadora de dinero y como cómplice de bandas criminales que le ayudaron a llegar al gobierno estatal, pero lo incomprensibles es que aún no hacen oficial que ella también está en la lista de funcionarios mexicanos que quieren juzgar allá por ser #narcopolíticos

¿O será por cuestiones de género que no la quieren preocupar más de la cuenta? 

Mientras tanto Baja California sigue siendo sede de escandalosas noticias. 

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