El brote de ébola provocado por la variante Bundibugyo en la República Democrática del Congo (RDC) es el más mortífero en la historia de la nación, con cifras que superan los 5 mil 100 contagios y 2 mil 400 decesos, de acuerdo con El País.
La epidemia previa registrada en la RDC, en 2018, dejó alrededor de 2 mil 300 muertos en 30 meses. Ahora, el nuevo brote avanza a una velocidad que supera la capacidad de respuesta de las autoridades sanitarias y humanitarias.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que este brote comenzó de manera silenciosa entre enero y febrero de 2026, pero se declaró oficialmente hasta mayo.
El doctor Mohamed Yakub Janabi, director regional de la OMS para África, explicó que los primeros casos fueron atribuidos erróneamente a enfermedades comunes en la región como la malaria, el tifus o la fiebre tifoidea, debido a la similitud de síntomas en fases tempranas.
Además, las pruebas iniciales de diagnóstico estaban diseñadas para detectar la cepa Zaire (responsable de epidemias pasadas) y no identificaban la variante Bundibugyo, para la cual no existen tratamientos ni vacunas aprobadas actualmente.
El jefe de asuntos humanitarios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Tom Fletcher, alertó que una persona muere cada 30 minutos en la RDC debido a la enfermedad.
Es catalogado como el brote de ébola más veloz en la historia, y el segundo más mortífero a nivel mundial, después de la epidemia de África Occidental entre 2014 y 2016, que dejó más de 11 mil fallecimientos y al menos 28 mil casos.
Durante la primera semana de agosto, la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras dijo que, a casi tres meses de su inicio oficial, el brote sigue “propagándose a un ritmo alarmante y sin precedentes”.
“La respuesta se está ampliando, pero aún no está llegando a las comunidades con la rapidez suficiente para romper las cadenas de transmisión”, añadió.
A esto se suma la declaración de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, quien admitió este 18 de agosto que “el brote está lejos de estar bajo control”.
“Se nos ha adelantado claramente y nosotros seguimos intentando alcanzarlo. Lo que más me preocupa es dónde está muriendo la gente: en sus casas, dentro de sus comunidades, fuera de los centros sanitarios y fuera de las listas de contactos identificados”, añadió.
La activista en la RDC, Hervé Amani, dijo a El País que “la cuestión fundamental es saber qué está haciendo el Estado para anticiparse a los desafíos que plantea este brote y adaptar la respuesta. (…) Desgraciadamente, estamos en una situación en la que el ébola se propaga más rápido que nuestra capacidad de contenerlo”.
A su vez, el director general de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, Jean Kaseya, explicó que el rastreo de contactos no está funcionando, ya que al menos el 60% o 70% de los nuevos casos no provienen de personas que están bajo vigilancia, sino de comunidades donde no hay suficiente observación.
A esto se suma que, en provincias como Ituri (el epicentro de la epidemia), la respuesta médica enfrenta graves tensiones debido a huelgas de trabajadores de salud, quienes exigen el pago de salarios atrasados y mejoras en sus condiciones laborales.
Por otro lado, la persistente violencia de más de un centenar de grupos armados en la región oriental, ha provocado el desplazamiento forzado de al menos 6.9 millones de personas, de acuerdo con El País. Este flujo poblacional afecta el rastreo de contactos y facilita la propagación del virus.
Hasta el momento, la OMS se ha comprometido a reforzar la vigilancia comunitaria, ampliar la respuesta sanitaria y agilizar el proceso de vacunas experimentales que aún están en fase de pruebas.
