La Minuta de la decisión monetaria de Banco de México, que se conocerá este jueves, podría confirmar un cambio relevante en la valoración de la Junta de Gobierno de Banco de México: la persistencia de la inflación interna, particularmente en los servicios, anticipó Andrés Abadía, economista para América Latina en Pantheon Macroeconomics.

En un análisis, el especialista recordó que en la decisión monetaria del 6 de agosto, el banco central se mostró dispuesto a tolerar una llegada más gradual al objetivo puntual de inflación de 3%, aunque la inflación general y la subyacente han mejorado más de lo esperado.

“Banco de México pospuso seis meses, hasta el cuarto trimestre del 2027, la fecha prevista para que la inflación general converja al objetivo, pese a que tanto la inflación general como la subyacente han mejorado más de lo esperado”, consignó.

En el citado análisis anticiparon que los efectos base favorables a la moderación en la trayectoria del INPC se disiparán y la persistente inflación de los servicios contrarrestará temporalmente la continua mejora en otros componentes de la canasta de bienes y servicios.

“Este perfil es coherente con un aplazamiento, más que un abandono, de la convergencia hacia la meta y ayuda a explicar por qué la Junta adoptó una postura más cautelosa a pesar de los mejores datos de inflación recientes”.

El analista comentó que “es probable que la etapa final de la desinflación resulte más difícil que las fases anteriores en lugar de señalar una mayor preocupación por la inflación actual”.

Abadía destacó que “la etapa final de la convergencia de la inflación con el objetivo depende cada vez más de lograr que la inflación de los servicios regrese a niveles coherentes con la meta de 3 por ciento”.

La inflación subyacente, que permite observar de mejor manera la tendencia de los precios al excluir algunos de los componentes más volátiles, registró una variación de 3.95% en julio, que significó la primera lectura anual de una variación inferior de 4%, en 14 meses y la fluctuación más baja desde abril del 2025.

“A medida que se disipan choques de oferta anteriores, la inflación subyacente se mantiene cerca de 4%, con los precios de la vivienda y restaurantes registrando continuos y firmes aumentos mensuales”, señaló Abadía.

“La clave aquí es que Banxico ha adoptado una postura más cautelosa respecto al ritmo de la desinflación y no una postura de endurecimiento que en lenguaje de política monetaria se identifica como hawkish”, subrayó.

En el citado análisis, el experto agregó a la ecuación el impacto de la tasa de Estados Unidos en la decisión de Banxico. Esto porque la tasa de aquel país influye en cuanto espacio tiene el Banco de México para mover su propia tasa.

“Aunque la Fed mantenga su tasa sin cambios por más tiempo, esto no debería impedir que Banxico retome los recortes de tasas, una vez que las condiciones internas lo permitan”.

El diferencial con la Fed se encuentra en un nivel históricamente estrecho, entre 275 y 300 puntos, lo que aumenta la sensibilidad del mercado frente a posibles choques externos.

Cuando la Junta de Gobierno tomó la decisión monetaria de agosto, al dejar de nuevo la tasa sin cambio en 6.50% y aplazar la llegada de la inflación al objetivo, ya contaba con el dato de inflación al mes de julio, que resultó de una variación anual de 3.12 por ciento.

Con este registro, se hilaron cuatro lecturas consecutivas a la baja y sumaron tres del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) dentro del rango de variabilidad del objetivo, es decir, debajo de 4 por ciento.

Al revisar el detalle de la información de Inegi, se puede ver que en julio, los precios de vivienda registraron una variación de 3.62%, que fue el nivel más alto para un periodo similar desde el año 2024 y la de restaurantes y servicios de alojamiento observó una variación de 6.36 por ciento.

Destacó que “la inflación continúa convergiendo aunque de forma desigual, mientras la actividad económica sigue por debajo de su potencial”.

Banxico pospuso seis meses, hasta el cuarto trimestre del 2027, la fecha prevista para que la inflación general converja al objetivo, pese a que tanto la inflación general como la subyacente han mejorado más de lo esperado.