Un electorado profundamente dividido elige el domingo al presidente de Colombia en una reñida segunda vuelta electoral entre el progresista Iván Cepeda y el conservador Abelardo de la Espriella, quienes han capitalizado el temor popular a la violencia en un país que aún lidia con grupos armados ilegales.
Más de 41 millones de colombianos estaban habilitados para votar por quien sucederá al mandatario Gustavo Petro. Los centros de votación abrieron a las 8:00 de la mañana y se extenderán hasta las 4:00 pm, tras lo cual se iniciará el conteo preliminar de los sufragios.
Tras vencer en primera vuelta a otros nueve candidatos, De la Espriella y Cepeda avanzaron a la segunda vuelta con una diferencia de sólo 673.000 votos. La expectativa del balotaje está puesta en la holgura del resultado luego de que Petro, aliado político de Cepeda, cuestionara el de la primera vuelta y advirtiera, sin pruebas, sobre un posible fraude.
Petro dio el banderazo para el inicio de la votación en un acto en la Plaza de Bolívar en el centro de Bogotá y llamó a los colombianos a sufragar con libertad y a cuidar su voto. “La decisión la toman los jueces, después de evaluar las quejas que haya, a los jueces obedeceré. Todo lo que sea antes vale como información”, señaló sobre el escrutinio.
Instituciones estatales como la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría han llamado a los candidatos, al mandatario, a líderes políticos y electores a promover mensajes de confianza y desincentivar la violencia.
“Han sido las elecciones más importantes que han existido en Colombia. Es primera vez que vemos que se divide… por dos candidatos: el uno por la izquierda y el otro por la derecha”, aseguró antes de la votación a The Associated Press Marcela Mejía, una vendedora de corbatas de Cali, en el suroeste del país.
Los candidatos prometen dos modelos políticos antagónicos. Cepeda, senador de 63 años del oficialista Pacto Histórico, busca dar continuidad a la agenda política de Petro, quien no se puede reelegir, de un “cambio” en favor de los más vulnerables. Alega que la oposición no le permitió al presidente saliente ejecutar todos sus proyectos sociales durante su mandato.
A su vez, Cepeda —quien ha sido facilitador en varios diálogos de paz con los grupos armados— no descarta continuar con las negociaciones pese a que la política de paz de Petro ha sido cuestionada. Esta semana logró desarmar a un centenar de ilegales, uno de sus resultados tangibles, pero aún lejos de la meta que se trazó.
De la Espriella, un abogado de 47 años sin experiencia en política apoyado por el presidente Donald Trump, promete acabar de cuajo con los esfuerzos de diálogo y dedicarse a combatirlos con la «fuerza de las armas». Apodado “El Tigre”, dijo que construirá “megacárceles” inspiradas en las del presidente salvadoreño Nayib Bukele, con quien simpatiza.
Colombia se juega su ”partido más importante», indicó De la Espriella en un video que divulgó al inicio de la jornada en las redes, en que apareció con su familia y vestidos con la camiseta de la selección colombiana de fútbol, cuyo uso generó polémica después de las críticas formuladas por Cepeda.
“Tenemos que derrotar a la tiranía, al régimen; no se trata del señor Cepeda y de mí, se trata del absolutismo versus la democracia”, aseguró De la Espriella al votar en Barranquilla, en el Caribe colombiano.
Cepeda sufragó en un centro al sur de Bogotá e instó “a votar con tranquilidad, serenidad, y que triunfe la democracia”. Dijo que reconocerá el resultado aunque advirtió que estarán atentos y que, en caso de existir eventuales irregularidades, las tramitarán en el sistema electoral.
Yolanda Hernández, una vendedora ambulante, aseguro a la AP que votó en el 2022 por Petro, pero que ahora apostó por De la Espriella.
“Queremos que haya un cambio en Colombia porque siempre es la misma violencia, siempre todo lo mismo”, dijo Hernández. Petro «dijo que iba a bajar los servicios, que iba a bajar el alimento y todo esta más caro”.
Hernández vendió lapiceros en la entrada de un puesto de votación de Bogotá para quienes, dijo, no confían en el que otorga la Registraduría por miedo a un “fraude”.
Las elecciones se celebran una década después de la histórica firma del acuerdo de paz con la guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero la violencia resurgió con fuerza avivada por la disputa entre los grupos armados por dominar las rentas ilegales del narcotráfico y la minería informal.
Las autoridades contabilizaron 14.780 homicidios el año pasado, la cifra más alta desde 2015. Las extorsiones también se han disparado a 13.417 casos en 2025, más del doble de las registradas una década atrás.
