El Papa León XIV pidió este domingo a las autoridades de Sudán que «garanticen corredores humanitarios para la población civil» y ha urgido a la comunidad internacional a «apoyar los esfuerzos dirigidos a lograr un cese el fuego inmediato» en ese país, mientras ha renovado también su llamamiento al fin de los ataques a civiles en Ucrania y Rusia.

Así se expresó el Pontífice tras el rezo del Ángelus, donde ha asegurado su «cercanía espiritual al pueblo» sudanés y ha pedido que «el Señor sostenga a quienes sufren, convierta los corazones de quienes siembran violencia y conceda la tan esperada paz», en referencia a la «trágica situación en Sudán, especialmente en la ciudad de El Obeid», como ha dicho frente a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro del Vaticano este domingo.

Sobre el conflicto en Ucrania, el Papa señaló que «continúan llegando dolorosas noticias de personas inocentes muertas y heridas» y advirtió de que «trágicos episodios se suceden, es más, se multiplican, provocando cada vez más víctimas civiles, entre ellas también niños».

En este sentido, León XIV renovó «un sentido llamamiento para que se respete el derecho humanitario y cesen por ambas partes los ataques que afectan a objetivos civiles», al tiempo que ha subrayado que «la guerra no hace más que generar otra guerra» y que «es tiempo de detener la espiral de violencia y dar espacio a la diplomacia y al diálogo para abrir el camino a la paz».

El Papa saludó a numerosos grupos de jóvenes presentes en la plaza y ha valorado «la presencia de tantos grupos juveniles que eligen dedicar algunos días de vacaciones a actividades formativas y de amistad» como «un signo de esperanza», en la misma línea que el encuentro con jóvenes franciscanos que tuvo lugar el jueves en Asís.

El Pontífice aprovechó la ocasión para invitar a los jóvenes a conocer mejor a los santos del calendario litúrgico de estos días: san Domingo, santa Teresa Benedicta de la Cruz –Edith Stein, «carmelita asesinada en Auschwitz y copatrona de Europa»–, san Lorenzo y santa Clara de Asís, a quien ha descrito como alguien que «dejó una vida acomodada para seguir a Jesús pobre y humilde». «Queridos jóvenes, dejáos entusiasmar por estos ejemplares testigos del Evangelio», concluyó.