MITO 1

Psicólogo Gabriel Ramos

Envejecer es sinónimo de decadencia, enfermedad y pasividad

«Ya no estás para eso»

Desde hacía casi dos meses, Antonio pasaba frente a la misma tienda de bicicletas. Siempre reducía el paso al llegar al escaparate. Se detenía unos instantes frente a una bicicleta híbrida de color azul, imaginaba el recorrido que haría por el parque cercano y después continuaba caminando.

Tenía sesenta y ocho años. Había montado en bicicleta durante toda su juventud y buena parte de su vida adulta. Luego llegaron el trabajo, las responsabilidades y el ritmo acelerado de la vida. Sin darse cuenta, aquella afición quedó relegada al olvido.

Ahora, recién jubilado, sentía que había llegado el momento de recuperarla. Un sábado por la mañana entró, por fin, a la tienda.

El vendedor respondió con entusiasmo a todas sus preguntas y, cuando Antonio ya estaba decidido a comprarla, apareció un conocido.

—¿También vienes por una bicicleta?

—Sí. Quiero volver a salir a rodar.

El hombre sonrió con afecto y le dio una palmada en el hombro.

—No hagas locuras. Ya no estás para eso. Mejor cómprate unos zapatos cómodos para caminar.

La frase apenas duró unos segundos. Pero permaneció en la mente de Antonio durante varios días.

Finalmente salió de la tienda sin bicicleta.

No porque le dolieran las rodillas. No porque el médico se lo hubiera prohibido. No porque no pudiera pagarla.

Simplemente comenzó a pensar que, quizá, aquel hombre tenía razón.

Tal vez ya no estaba para eso. Y esa pequeña duda terminó cambiando algo mucho más importante que la compra de una bicicleta.

Cambió la manera de verse a sí mismo.

El enemigo invisible

Hay personas que envejecen antes de tiempo.

No porque su cuerpo deje de responder. Sino porque dejan de intentar.

Con frecuencia ese proceso comienza con frases que parecen inofensivas.

«Eso ya no es para ti.»

«A tu edad ya no vale la pena.»

«Mejor deja que lo hagan los jóvenes.»

Las escuchamos tantas veces que acabamos incorporándolas a nuestra propia voz interior. Entonces dejamos de aprender, de viajar, de movernos, de conocer personas o de iniciar nuevos proyectos.

No porque no podamos. Sino porque llegamos a creer que ya no debemos hacerlo.

Lo más interesante es que las investigaciones muestran exactamente lo contrario.

Las personas que permanecen física, mental y socialmente activas suelen conservar durante más tiempo su autonomía, su bienestar y su satisfacción con la vida.

Envejecer no obliga a detenerse. Con demasiada frecuencia, lo que realmente nos detiene son las ideas equivocadas que hemos aprendido sobre el envejecimiento.

¿Este mito ya vive en usted?

Lea las siguientes afirmaciones y subraye aquellas con las que se identifica.

§ Ya no tengo edad para aprender cosas nuevas.

§ Prefiero no intentarlo porque seguramente ya no podré.

§ Cada año siento que tengo menos oportunidades.

§ Creo que las mejores etapas de mi vida ya quedaron en el pasado.

§ He dejado de realizar actividades únicamente porque pensé que «ya no eran para mi edad».

§ Con frecuencia me digo: «Ya estoy viejo para eso».

Si marcó cuatro o más afirmaciones, es posible que este mito ya esté influyendo en algunas de sus decisiones.

La buena noticia es que, así como los mitos se aprenden, también pueden desaprenderse.

La bicicleta volvió a aparecer

Dos semanas después, Antonio acompañó a su nieta al parque. Mientras ella aprendía a mantener el equilibrio sobre una pequeña bicicleta, él observó a varias personas mayores recorrer tranquilamente la ciclopista.

Algunos tendrían más de setenta años.

Nadie competía. Nadie buscaba impresionar a nadie. Simplemente disfrutaban del paseo.

Aquella escena le devolvió el recuerdo de la bicicleta azul.

Al día siguiente regresó a la tienda.

Esta vez no pidió opinión. Ni permiso. Compró la bicicleta.

Los primeros recorridos fueron breves.

Diez minutos. Después quince.

Poco a poco recuperó la confianza, la condición física y el placer de volver a sentir el viento en el rostro. Un mes más tarde ya salía a rodar tres veces por semana.

No solo había recuperado una actividad física. Había recuperado una parte de sí mismo que permanecía dormida desde hacía muchos años.

La ciencia en un minuto

Las investigaciones sobre envejecimiento saludable muestran que mantenerse activo física, mental y socialmente favorece la autonomía, mejora el estado de ánimo y contribuye a conservar una buena calidad de vida.

Mantenerse activo no significa correr maratones ni ignorar las limitaciones propias de cada persona. Significa seguir participando, aprendiendo, relacionándose con los demás y disfrutando de actividades compatibles con la propia salud y condición física.

La actividad no detiene el paso del tiempo, pero sí puede ayudarnos a vivirlo con mayor bienestar, independencia y satisfacción.

La experiencia de otra persona

«Me jubilé convencido de que había terminado mi etapa productiva. A los sesenta y nueve años acepté dar clases de carpintería para jóvenes en un centro comunitario. Hoy espero los martes con la misma emoción con la que antes esperaba las vacaciones.»

Carlos, 72 años.

MITO DESARMADO

Lo que muchos creen

Envejecer significa empezar a apagarse y renunciar, poco a poco, a los proyectos, al aprendizaje y al disfrute de la vida.

Lo que hoy sabemos

Envejecer significa entrar en una etapa distinta, no inferior.

Aunque el cuerpo cambia con los años, millones de personas continúan aprendiendo, enseñando, trabajando, emprendiendo nuevos proyectos, fortaleciendo sus relaciones y descubriendo nuevas formas de disfrutar la vida.

La edad modifica únicamente el ritmo. No tiene por qué limitar las posibilidades.

Póngalo en práctica esta semana

No intente transformar su vida de un día para otro.

Elija una sola acción.

§ Llame a un amigo con quien hace tiempo no conversa.

§ Camine diez minutos más de lo habitual.

§ Entre a una librería, un museo o una biblioteca.

§ Pregunte por ese curso que lleva meses posponiendo.

§ Aprenda una nueva función de su teléfono celular.

§ Haga una lista de tres actividades que abandonó únicamente porque pensó: «Ya no tengo edad para eso».

Después observe cómo se siente. Los grandes cambios casi siempre comienzan con decisiones muy pequeñas.

Una conversación para esta semana

En la próxima comida familiar haga esta pregunta:

¿Qué actividad creen ustedes que una persona mayor ya no debería hacer?

Escuche las respuestas sin interrumpir. Después formule una segunda pregunta:

¿Realmente no puede hacerla o simplemente estamos acostumbrados a pensar que no debería?

Es posible que esa conversación haga reflexionar a todos los participantes, incluido usted.