Por Víctor Barrera
Sin lugar a dudas la soberanía es un concepto que puede servir para que la opacidad crezca y termine encubriendo a criminales que deben pagar por el daño causado.
Sin embargo, al parecer poco le interés al gobierno federal eso, porque está más obsesionado en evitar que su partido, Morena, pueda caer en el ánimo de la ciudadanía y quitarles el poder en los próximos comicios federales, en el 2027 donde podrían perder la mayoría que tienen en la cámara de diputados federal y locales. Y en el 2030 el poder Ejecutivo.
Es por esto que desde Palacio Nacional se empieza a utilizado una narrativa que supone que el proteger la soberanía debe ser una acción patriótica y por ello deberemos defender todo lo que desde ese lugar se menciona.
A Claudia Sheinbaum y Morena se les olvida que una de las promesas que se utilizó para obtener el voto de la ciudadanía era terminar con la corrupción y esa relación que se creó en administraciones anteriores entre el poder, el dinero e impunidad. Donde una pequeña elite del país se beneficiaba de ello y dejaba sin protección en muchos ámbitos a la población en general.
Sin embargo, ante las acusaciones que hace el presidente de Estados Unidos, Donald Trump de que México es gobernado por gente que es cómplice de grupos criminales expone a Morena y las acusaciones que pesan sobre Ruben Rocha Moya y otros 10 funcionarios públicos de Sinaloa expone que esta promesa de erradicar la corrupción no ha sido resulta. Sino todo lo contrario permite ver que fue más allá, que no solo existe complicidad para realizar actos ilícitos, sino que hasta ahora se permite que en algunas partes del territorio las funciones de las autoridades las realicen grupos armados.
Sinaloa no se ve ahora como un algo abstracto, sino una realidad, que expone también que, el lugar donde López Obrador centro su campaña política para llegar al triunfo en 2018, se ha convertido en el principal centro de operaciones donde la impunidad se hizo presente y se permitió ante la política de abrazos y no balazos que la población de esa entidad conociera el miedo y que viva con este como algo cotidiano.
Pero ahora este miedo se ha expandido a una gran parte del país, porque la gente además sufre de extorsión y desapariciones que se tratan de cubrirse con la opacidad y el silencio de las autoridades.
Es cierto el gobierno tiene la responsabilidad de defender la soberanía nacional, pero no debe convertirse esta en opacidad o en un muro de protección para blindar a quienes han cometido actos ilícitos.
Porque una soberanía empieza desde que las instituciones realizan su trabajo para investigar a los propios y no cobijarlos, realizar investigaciones a fondo y aclarar todo ante la población, porque el cerrar la información solo es opacidad y posible complicidad.
El gobierno debe demostrar que investigar a un funcionario público y destituirlo de su cargo no es obedecer a gobiernos extranjeros es realizar su trabajo. Porque debe pesar más el bienestar de toda una población que una persona o diez.
La narrativa moral de “no somos iguales” se derrumba y ante esto solo queda expuesto que simplemente fue un “quítate tú, para ponerme yo” sin cambio, sin mirar que el encargo es lograr beneficios para toda la población y no solo para un grupo.
Si desde palacio Nacional se sigue protegiendo a Rubén Rocha Moya, la información constata que no ha cambiado en nada, que la promesa de acabar con la corrupción solo fue un instrumento para alcanzar el poder y para luego olvidarla.
