La empresa avícola CRÍO retomó los trabajos de construcción de las naves para expandir su industria, pese a que el 15 de diciembre, la demanda de amparo, expediente 2352/2025 del Juzgado Cuarto de Distrito, ordenó la suspensión definitiva de la obra.
La obra fue detenida el año pasado, porque se confirmó que destruyó vestigios de la ciudad maya de Tzemé, además de que deforestaron más de 16 hectáreas de selva maya.
Federico May del Consejo Comunitario de Kinchil recordó que pese a que también el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) colocaron sellos de clausura meses antes, la empresa no se detuvo, por lo que recurrieron al amparo.
“Otra vez la empresa CRIO retomó los trabajos de expansión en el área de Tzemé, que hemos estado denunciado desde octubre, maquinaria pesada continua con trabajos de nivelamiento del terreno con miras a construir más naves avícolas”, demandó.
Advirtió que CRÍO destruyó los vestigios mayas y el medioambiente sin que, hasta la fecha y pese a las denuncias, hubiera una sola persona responsable y castigada.
“Ese proyecto fue clausurado definitivamente por una juez federal, se han violado flagrantemente todas las normatividades ambientales, arqueológicas y de patrimonio d la nación porque se han destruido pirámides, un juego de pelota y tapado un pozo prehispánico”, agregó.
Calificó la impunidad de la empresa como una política de Estado que protege los megaproyectos y los ecocidos del territorio maya de Yucatán.
“Todos los días se comete ecocidio en la selva de Kinchil”, denunció.
Las personas defensoras de territorio y medioambiente de Kinchil han denunciado en reiteradas ocasiones el despojo de su territorio.
En la región también hay expansión inmobiliaria de proyectos como Hacienda Celestún, Totem de Grupo Libera y Bokobá Residencial, que, sin previa consulta, empezaron a deforestar los árboles y cambiar el uso de suelo.
