Por Víctor Barrera

El día de ayer, el gobierno de la 4T realizo una estrategia, más encaminada más a la recaudación y control de fiscal, que a una estrategia de apoyo al bolsillo de los consumidores de las gasolinas.

A simple vista, y como quieren que lo vea la gente, se armo toda una estrategia que impondrá un precio máximo de estos combustibles, es decir se tendrá un control artificial del precio, que hará más daño que apoyo a las familias, porque este precio seguirá elevado.

Esta medida entonces solo sirve para evitar que el “huachicol” siga imperando entre el gremio de los gasolineros. Ahora comprar el combustible necesariamente será vía tarjeta electrónica o vale, que significa un control real. En cuanto a los automovilistas, se señala que dejaran pagar entre 45 centavos y hasta un peso por cada litro de gasolina, porque los bancos, no cobraran esa comisión, durante seis meses. Pero esto tiene su fecha de caducidad y a partir de  seis meses, es decir en octubre próximo se volverá a cobrar esa comisión, con la diferencia que ahora los bancos cobrarán aun más debido a que todos los consumidores tendrán que hacerlo vía electrónica, tarjeta de debito o crédito y con vales electrónicos.

El consumidor al final no recibirá ningún beneficio, porque seguirá pagando los 24 pesos del combustible. ¿Dónde está el apoyo a los consumidores?, la respuesta es en ningún lado.

Si en verdad se quiere apoyar al consumidor el precio debería ser el reflejo fiel del costo de la extracción, refinación y logística, donde solo la oferta y la demanda dictaran el ritmo del consumo y precio y no a través de un control, que de entrada es inflacionario.

Pero en México la gasolina no solo es solo un insumo de la producción; es la válvula de escape de una estructura fiscal deformada por la informalidad. Donde el “huachicol” se ha hecho presente dejando grandes ganancias a quienes interviene en este proceso de compra y venta del combustible, no así al consumidor, que debería ser el más beneficiado.

El gobierno federal, con la medida anunciada el día de ayer, repito, solo quiere tener el control del combustible, de los dineros que se utilizan en la compra venta del combustible entre los gasolineros y quine les provee, que en una lógica debería sr únicamente Petróleos Mexicanos y con ello acabar con el tema del “huachicol”. Ahora veremos hasta donde el gobierno soportará la presión de esos «empresarios” que han amasado riqueza con el “huachicol” del combustible.

Pero retomando el precio de la gasolina, y de acuerdo a los análisis de expertos, el precio real del combustible se estima entre los 11 y 13.20 pesos, siendo este último el precio de la gasolina magna. De este precio, los gasolineros se llevan 1.56 pesos de ganancia y el gobierno con la aplicación de los impuestos ISR y el IEPS obtiene 8.92 pesos.

El problema es que el “huachicol” se ha convertido en una competencia desleal para el gobierno federal y su falta de control ha costado al gobierno miles de millones de pesos que se quedan en los bolsillos de los empresarios “huachicoleros”.

Ahora con este control será el gobierno quien obtenga todos esos recursos que se desvían en el huachicol.

Pero el punto es el precio de la gasolina, que sigue siendo cara. Si en verdad se quiere crear ese control del comercio en la gasolina, se debería eliminar el IEPS y con este el precio de la gasolina bajaría, a su vez será un apoyo real al consumidor.

De tal forma que una estrategia que se ha tratado de colocar como apoyo al consumidor, no tiene nada de eso y solamente los beneficiaros serán en un primer plazo el gobierno, recuperando el control total de la venta de gasolina y los banqueros , quienes incrementaran el padrón de quienes utilizaran tarjetas de débito crédito y las empresas que generan los vales electrónicos para la compra del combustible.

Esperemos que una vez que se haya controlado el mercado informal del combustible, el huachicol, y se tengan los numero exactos de cuanto se vende y cuanto se compra, se eliminen los impuestos y comisiones por comprar el insumo, que repito, se ha convertido en un detonador de la inflación, que en un detonador del crecimiento económico.