En el marco de una actitud de “pragmatismo gubernamental”, la administración de la presidenta, Claudia Sheinbaum, ha decidido explorar la posibilidad de la extracción de hidrocarburos mediante fracking, pensando en las “consecuencias prácticas” de ello, más allá de “las convicciones ideológicas”.

Así lo afirmó el coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, en un texto que difundió en sus redes sociales, donde analiza cuáles han sido a su juicio los “desafíos estructurales” que ha enfrentado la mandataria durante su gobierno.

En el documento, de siete páginas, Monreal dedica un apartado al eje temático “Pragmatismo gubernamental y política energética”, y señala que “uno de los rasgos más distintivos del actual gobierno es su capacidad de ajuste frente a nuevos desafíos”.

El legislador indica que “la decisión de explorar el aprovechamiento de recursos de gas mediante tecnologías avanzadas reactivó el debate sobre técnicas como la fractura hidráulica o fracking”.

Monreal subrayó que “aunque no se plantea su adopción irrestricta, la apertura a su posible utilización, bajo criterios científicos y ambientales, refleja que el pragmatismo se impone como criterio de acción”.

Al argumentar dicho punto, el ex gobernador de Zacatecas afirma: “en términos analíticos, esta postura se acerca a la noción weberiana (en referencia al sociólogo y economista alemán, Max Weber) de la ‘ética de la responsabilidad’, en la que las decisiones políticas deben considerar sus consecuencias prácticas, más allá de las convicciones ideológicas”.

El coordinador guinda adelantó, a través de un video en su cuenta de X, que el fracking “va a ser tema de discusión”, al igual que la visita que la presidenta, Claudia Sheinbaum, hará a Barcelona, España, el 18 de abril, para participar en una cumbre de gobiernos progresistas.

Monreal enfatizó que, “tras la consolidación de lo que nosotros llamamos un cambio de régimen, y que es distinto a lo que venía predominando, se ha establecido un sistema político caracterizado por libertades amplias, distinto al fuerte proceso de centralización del poder y una limitada crítica pública hacia los presidentes (que ocurría) años antes que el progresismo lograra conquistar la mayoría de ciudadanos y simpatías de la sociedad”.

En ese sentido, el morenista consideró en su texto que la presidencia de Sheinbaum “se define por la convergencia de tres factores: legitimidad social sostenida, profundización de políticas redistributivas y una disposición a ajustar estrategias frente a nuevas realidades”.