Entre la opacidad institucional y una narrativa oficial cuestionable, el gobierno federal intenta minimizar una crisis ambiental cuya afectación supera los 600 kilómetros, sobre todo en las costas de Veracruz y Tabasco. Asimismo, a casi dos meses de los primeros reportes del derrame de hidrocarburo aún no han identificado a ningún responsable.
Luego de que un grupo de organizaciones civiles defensoras del medio ambiente emitiera una denuncia por falta de transparencia y caso omiso a los lineamientos del Plan Nacional de Contingencia (PNC), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en una conferencia de prensa de último momento, descartó que los daños fueran severos y aseguró que las playas se encuentran limpias para los vacacionistas en Semana Santa.
La versión de las organizaciones civiles indica que la crisis no empezó cuando el gobierno decidió admitirla. De acuerdo con Ornela Garelli Ríos, directora de campañas de Greenpeace México, el desastre tuvo fecha de inicio entre el 6 y el 10 de febrero.
Análisis de imágenes de los satélites Sentinel 1 y 2 de la Agencia Espacial Europea, revelaron una embarcación en la Sonda de Campeche, cerca de la plataforma Abkatún, vertiendo crudo inicialmente en pequeñas cantidades. Para el 14 de febrero, la mancha ya alcanzaba los 50 kilómetros cuadrados, una extensión equivalente a más de mil veces la plancha del Zócalo capitalino.
“Las autoridades sabían de su existencia por la presencia de cinco embarcaciones adicionales haciendo labores de contención desde mediados de febrero”, denunció Garelli en entrevista con Proceso. Sin embargo, el silencio oficial fue absoluto durante semanas, impidiendo que las comunidades costeras tomaran medidas preventivas.
Para el gobierno federal el calendario es distinto. El secretario de Marina, Raymundo Pedro Morales Ángeles, insistió en que los primeros reportes en Coatzacoalcos llegaron el 2 de marzo, fecha en la que, asegura, se activó el PNC. A pesar de que las peticiones de información de la prensa y la sociedad civil comenzaron desde febrero, el gobierno consideró su conferencia del 26 de marzo como «oportuna».
Para la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, los datos de las organizaciones carecen de rigor. La mandataria llegó a tachar las imágenes difundidas como “falsas y sin sustento científico”, asegurando que no correspondían a la realidad del Golfo. Alicia Bárcena, titular de la Semarnat, replicó esta postura, descalificando las pruebas fotográficas satelitales, sugiriendo que la mancha reportada era una superposición gráfica que no correspondía a la realidad de los sobrevuelos oficiales.
¿De dónde salió el hidrocarburo? El gobierno federal ha difundido una explicación que exime de toda culpa estructural a Petróleos Mexicanos (Pemex).
Según el Grupo Interinstitucional, conformado por los titulares de Semarnat, Semar, Pemex, Profepa, ASEA y Energía, la contaminación proviene de tres fuentes: un buque privado que realizó un desembarco ilegal en Coatzacoalcos (entre 13 naves que estaban fondeadas), emanaciones naturales intermitentes en la misma zona, y las famosas “chapopoteras” naturales de Cantarell, en Campeche, que supuestamente se intensificaron en el último mes.
Sin embargo, a casi dos meses del inicio del derrame –de acuerdo con los análisis de las organizaciones–, el gobierno aún no identifica a la empresa responsable del buque, limitándose a decir que la Fiscalía General de la República (FGR) ya investiga un posible delito penal.
Renata Terrazas, directora de la organización Oceana, cuestiona la veracidad de estas explicaciones citando un informe del propio Sistema de Detección y Monitoreo de Hidrocarburos Marinos, en cuyas conclusiones de un análisis de febrero-marzo sobre Cantarell y Abkatún, “siguió la mancha de hidrocarburo y señaló que era muy difícil que una chapopotera natural pudiera tener un derrame con esta extensión de más de 600 kilómetros”.
Sobre el supuesto buque que habría realizado un desembarco ilegal, Terrazas lamenta la falta de vigilancia: «Genera duda que mencionen un barco que ya no estaría en aguas mexicanas; genera duda el funcionamiento y las acciones del gobierno federal y que no haya nadie vigilando”. Dentro del reporte gubernamental en las instalaciones de la Semarnat, también se informó que el ecosistema quedó prácticamente intacto.
Alicia Bárcena y la titular de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), Mariana Boy, sostuvieron que sólo seis ejemplares de fauna (tres tortugas y tres aves) se vieron afectados directamente por el derrame de hidrocarburo, y que ya fueron liberados.
Bajo esta lógica, la autoridad «descarta que el daño sea severo» y asegura que las playas del Sistema Arrecifal Veracruzano no presentan afectaciones de gravedad.
El contraste con Greenpeace, Oceana y el resto de las organizaciones denunciantes es abismal. La Red del Corredor Arrecifal ha documentado un «rastro de daño ecosistémico» que incluye la muerte de al menos siete tortugas marinas, dos delfines y dos manatíes. Además, denuncian la invasión de chapopote en la Laguna del Ostión, un ecosistema vital donde el mangle rojo, negro y blanco ha sido alcanzado por el crudo.
«Es muy irresponsable decir que no ha habido daños severos cuando lo que tendrían que decir es que no han hecho una evaluación, y si lo hicieran deberían compartir esa información: las evaluaciones en comunidades costeras, eso es lo que no están haciendo», acusa Terrazas. Ornela Garelli añade que los pescadores están limpiando con sus propias manos, sin equipo de protección, y algunos ya reportan síntomas de intoxicación.
Para convencer a la opinión pública de que la situación está bajo control, el gobierno recurrió a la proyección de un video supuestamente grabado el 25 de marzo, donde se mostraban zonas como la Laguna del Ostión totalmente limpias.
A escasos días de las vacaciones de Semana Santa, el almirante Morales Ángeles garantizó que la población puede confiar en la seguridad y limpieza de las playas de mayor afluencia. Pemex asegura haber recolectado 430 toneladas de contaminantes y limpiado 223 kilómetros de playa, lo que para ellos es prueba de una gran eficiencia.
Los monitoreos en el mapa interactivo de la Red Corredor Arrecifal, difundido por Greenpeace, identifica más de 50 sitios contaminados desde el norte de Tabasco hasta el norte de Veracruz, de los cuales 26 no han recibido atención alguna por parte de las autoridades.
«En muchos puntos la limpieza ha sido realizada únicamente por los habitantes», explica Garelli. Asimismo, las organizaciones denuncian que la atención se ha concentrado en playas turísticas, abandonando ecosistemas sensibles y comunidades que dependen de la pesca.
“Sigue faltando la reparación del daño. La limpieza de las playas está en marcha, pero los impactos que tiene la vida marina, así como los daños a las comunidades costeras, se tienen que seguir estudiando y no deben minimizarse. Siguen sin ser atendidas y mantienen problemas para subsistir”, sostuvo Terrazas.
El cierre de la conferencia en la Semarnat fue el retrato de un confuso manejo de una crisis ambiental. Cuando los funcionarios intentaron abandonar la sala aprisa, la prensa se levantó de sus asientos para exigir respuestas ante las contradicciones. Fue entonces cuando el secretario de Marina terminó el encuentro con la frase que resume la postura oficial: “No se ha minimizado la información”.
Sin embargo, a casi 60 días de los primeros indicios satelitales, el balance es de nula rendición de cuentas. No hay una empresa señalada, Pemex ha sido exonerada por decreto y la causa oficial oscila entre barcos con acciones ilegales y fenómenos naturales. Mientras el gobierno federal celebra playas limpias para el turismo, las organizaciones civiles lamentan que el Golfo de México sea tratado, una vez más, como una “zona de sacrificio ambiental”, donde la impunidad es imperante.
“Seguimos sin transparencia y eso nos lleva a una nula rendición de cuentas, pero vemos bien que al menos haya un ejercicio de dar la cara. (Aunque) un verdadero ejercicio no es una conferencia sin sustento, necesitan abrir la información para que podamos revisarla y entenderla, porque esto no hace más que generar (…) constantes contradicciones”, concluyó Terrazas.
