La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) alerta de que, en los próximos años, 60 por ciento de los empleos mundiales podrían verse afectados por la inteligencia artificial (IA); no obstante, 58 por ciento de quienes cursan estudios universitarios no se sienten preparados para esta nueva realidad laboral, y casi la mitad no tiene confianza en sus habilidades para trabajar con esta nueva tecnología.
Un estudio sobre el impacto de la IA en la educación superior urge a los estados miembro a generar marcos de regulación para generar nuevas habilidades en sus estudiantes, pero también para establecer marcos éticos para su uso.
En el documento de trabajo Los retos de la IA en la educación superior y las respuestas institucionales: ¿Hay lugar para marcos de competencias?, el organismo de Naciones Unidas revela que sólo 22 por ciento del profesorado utiliza herramientas de dicha tecnología. “Esta baja tasa de adopción se atribuye a la preocupación por la integridad académica, la posibilidad de plagio y el miedo a ser sustituido por la IA”, señala el informe.
En el documento, elaborado por las especialistas Arianna Valentini y Alep Blancas, destaca que si bien muchas universidades han puesto en marcha iniciativas sobre inteligencia artificial y la educación superior, “estas respuestas suelen ser ad hoc y carecen de una estrategia cohesionada”.
La mayoría de estas iniciativas, agrega el informe, se centran en el desarrollo de directrices para el uso de la IA generativa, como ChatGPT, en lugar de crear un marco de competencias básico para toda la institución.
“Este enfoque fragmentado no proporciona a los estudiantes y al profesorado el desarrollo sistemático de las habilidades necesarias para desenvolverse con eficacia en un mundo integrado en la IA”.
Por ello, se propone un cambio hacia una “pedagogía basada en la inteligencia artificial”, que permita aprovechar esta herramienta tecnológica, no sólo para mejorar la eficiencia, sino también para fomentar las habilidades de pensamiento de orden superior, el aprendizaje colaborativo y la resolución interdisciplinar de problemas.
El informe también identifica un “vacío crítico”: la falta de un marco de competencias de IA estandarizado y exhaustivo específico para la educación superior, con el que se aborden tareas de enseñanza e investigación que permitan el desarrollo de conocimientos, habilidades, actitudes y valores en el uso de la inteligencia artificial.
