Por Víctor Barrera
Se inició el tercer año de gobierno de la presente administración y aún existen problemas sin resolver y empiezan a sumarse otros que en el corto y mediano plazo pueden incrementarse y volverse un dolor de cabeza para todos los mexicanos.
Los cambios económicos y financieros que suceden en el mundo, tarde o temprano se reflejaran en la economía mexicana que, lamentablemente, sigue mostrando crecimientos más bajos de los “mediocres” que criticaba el mesías de Macuspana y que estaban en promedio en el nivel del 2 por ciento anual.
Ante esto, las cuentas públicas imponen su realidad y por supuesto se trata de evitar que los focos amarillos suban al rojo incandescente que significa un enorme riesgo para el presente y futuro de México.
Como lo he comentado, el Fondo Monetario Internacional y algunas calificadoras internacionales han manifestado que existen aún algunos problemas para corregir en el corto plazo de lo contrario el destino de México será mantener crecimientos muy por debajo de lo que otras naciones obtienen. Entiéndase naciones que pueden calificarse con el mismo nivel que la nuestra, pero que en los últimos años han logrado detonar mayor crecimiento económico que México.
Se habla de la necesidad de estructurar un andamiaje financiero que permita llegar a crecimientos económicos por encima de 4 por ciento sin que esto signifique mayor incremento de la deuda. Pero en México esto se encuentra entrampado en realidades que deben verse y actuar rápidamente.
Se ha dicho que México empieza a establecer la consolidación fiscal, que permitirá mantener manejable el nivel de deuda, pero esto parte de tener tres factores totalmente controlados, que son, el primero el costo del dinero no sea elevado, y por el momento el incremento de las tasas de interés de algunos bancos centrales apunta todo lo contrario, lo que presiona a nuestra economía.
El segundo factor es mostrar niveles de crecimientos importantes, por encima del 4 por ciento y si es posible llegar al 6 por ciento. Algo que en el corto plazo de vislumbra difícil de conseguir.
Y el tercer factor es tener una planta productiva amplia que significa un mayor número de trabajadores de manera formal para aumentar la productividad y por supuesto ofrecer plusvalía y mayor pago de impuestos.
Si no existen estos tres factores con sentido positivo se dificulta decir que México va por el rumbo correcto.
Recordemos que el nivel de déficit, de acuerdo a la información del secretario de Hacienda, se encuentra en 4.1 por ciento y se pretende reducir a 3.9 por ciento al finalizar el año. Y es probable que se logre, pero esto sigue siendo insuficiente si tenemos una economía estancada y la creación de empleos formales sigue en niveles muy por debajo de los necesarios para el país.
Porque esto nos mantendrá con una recuadran en niveles del 18 por ciento del PIB, lo que significa tener muy pocos recursos públicos para inversión en infraestructura. Si a esto sumamos que el costo del dinero aumenta, el pago de la deuda por supuesto aumenta y esto es otro factor que limita el crecimiento porque deben destinarse más recursos al pago de la deuda y limitar la inversión en infraestructura.
Pero aun debemos sumar los recursos que se deben destinar al pago de pensiones y programas sociales que suman un 6 por ciento del PIB. Esto nos deja un menor margen de recursos para la inversión productiva.
Todo esto nos hace ver que para alcanzar la tan mencionada consolidación fiscal será necesario que México encuentre estrategias más aceptables para atraer inversión. Pero aquí existe otro problema, para que estas inversiones lleguen y se queden en nuestro país es necesario garantizar una seguridad pública con altos niveles y un Estado de derecho fortalecido sin sesgos políticos.
De no haber esto, estamos destinados a seguir esperando que las cosas cambien en el mundo y que favorezcan a México. Pero también los ciudadanos podemos a empezar a realizar el cambio exigiendo más y mejores actuaciones del gobierno federal a favor de todos y no solo por intereses políticos.
