Estados Unidos amplió su campaña de ataques aéreos contra Irán a primera hora del viernes al golpear más puentes, equipos eléctricos y derrumbar una torre en un puerto clave, parte de las amenazas de su presidente, Donald Trump, de comenzar a atacar infraestructura para presionar a Teherán a que afloje su control sobre el estrecho de Ormuz.

El gobierno iraní lanzó nuevos ataques con misiles contra naciones aliadas de Washington en Oriente Medio, entre ellas Qatar, un mediador clave en la guerra. También dañó una planta de energía y desalinización de agua en Kuwait, algo crucial para la pequeña nación desértica.

El alto el fuego provisional acordado el mes pasado se ha venido abajo, y la región ha soportado días de ataques de Estados Unidos e Irán mientras se disputan el control del estrecho. Funcionarios iraníes dicen que la ofensiva estadounidense ha matado a decenas de personas y herido a cientos más, con nuevas víctimas reportadas en los ataques del viernes.

Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán el 28 de febrero, Teherán cerró prácticamente el estrecho al tráfico marítimo, una medida que disparó el precio del petróleo y dio al gobierno iraní una gran ventaja en las negociaciones.

En un discurso al pueblo estadounidense en horario de máxima audiencia, Trump insistió en que la guerra iba bien.

“De igual manera estamos ganando a lo grande en Irán, y verán los frutos de ese trabajo muy, muy pronto”, señaló el mandatario.

Los ataques aéreos estadounidenses alcanzaron puentes durante la noche y la madrugada del viernes en la provincia de Hormozgán, en el sur de Irán, y se cobraron la vida de al menos siete personas, informó la televisión estatal iraní. El operativo alcanzó Bandar Khamir, una ciudad en la costa iraní del estrecho de Ormuz.

Los ataques contra puentes de carretera y ferrocarril parecían buscar aislar Bandar Abbas, el principal puerto de Irán, de las vías que llevan hacia la región central de la República Islámica y de ahí a Teherán, la capital.

Aunque otras rutas siguen abiertas, la ofensiva estadounidense podría ampliarse aún más, lo que potencialmente interrumpiría tanto el movimiento de material militar como de los bienes necesarios para los 90 millones de habitantes del país.

Irán también reconoció por primera vez el viernes “ataques contra la infraestructura eléctrica” durante la campaña aérea estadounidense, cuando su Ministerio de Energía emitió un llamado a que la población use menos electricidad en las provincias del sur.

Dijo que esas zonas “actualmente están experimentando calor extremo y ataques contra infraestructura eléctrica”. El ministerio no precisó si los ataques alcanzaron centrales eléctricas, líneas de transmisión u otros equipos.

Desde hace días se sospecha de estos ataques contra la infraestructura eléctrica. El concejal de la ciudad de Teherán Mehdi Chamran dijo el martes a reporteros que preguntaban sobre problemas eléctricos: “Solo miren cuántas instalaciones eléctricas golpearon… y no estarían haciendo esa pregunta”.

El Comando Central del ejército estadounidense dijo que golpeó decenas de objetivos en sus últimos ataques aéreos, que concluyeron al amanecer del viernes, la sexta noche consecutiva de su ofensiva.

Los ataques también derribaron una torre en el puerto iraní de Chabahar, en el golfo de Omán, una ruta comercial clave para el vecino Afganistán, que no tiene salida al mar, de acuerdo con la agencia estatal de noticias IRNA.

El puerto de Chabahar, que Irán había estado operando con apoyo de India, ha sido un objetivo recurrente de los ataques aéreos estadounidenses. La prensa estatal de la República Islámica reconoció una tercera ronda de ataques contra la instalación sin reconocer de inmediato el colapso de la torre.

Irán señaló que la torre era la encargada de supervisar el tráfico comercial hacia el puerto. Sin embargo, la Guardia Revolucionaria paramilitar de Irán también opera en puertos de todo el país.

Hasta las 6 de la mañana del viernes, los ataques estadounidenses habían matado al menos a 38 personas y herido a más de 400 en Irán, dijo el portavoz del Ministerio de Salud, Hossein Kermanpour.