Los aficionados al fútbol anhelan el inicio este jueves del tercer Mundial en México, donde varios colectivos sociales han prometido sembrar el caos para impulsar sus reivindicaciones.
El silbatazo sonará a las 13 horas locales (19h00 GMT) para que las selecciones de México y Sudáfrica den inicio al mayor mundial de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos.
Pero los hinchas comenzaron a llegar hasta seis horas antes en previsión de bloqueos a los accesos al estadio Azteca, custodiados por centenares de militares y policías con equipo táctico y apoyados incluso por escuadrones a caballo.
«Es muy importante el fútbol, es una pasión desde chicos», dijo a la AFP Abril Macías, de 30 años y empleada de una escuela en Querétaro, en el centro del país.
«Tuvimos la suerte de encontrar boletos y no queríamos que nada nos impidiera la entrada al estadio», agregó esta aficionada que vestía la camiseta mexicana y un tocado indígena.
El mayor evento del planeta fútbol estará organizado por primera vez por tres países: Estados Unidos, Canadá y México, que ya lo hizo en solitario en 1970 y 1986.
El torneo llega precedido por polémicas: el alto precio de los boletos, el rechazo de visados para Estados Unidos o la guerra en Oriente Medio, que llevó a Irán a trasladar su campo base de Arizona a Tijuana.
A partir de ahora, el balón intentará tomar el protagonismo para dirimir si la España de Lamine Yamal, el Portugal de Cristiano Ronaldo o la Francia de Kylian Mbappé pueden desbancar a la Argentina de Lionel Messi, que aspira a revalidar el título de Catar.
Durante la ceremonia inaugural, el tenor italiano Andrea Bocelli interpretará el himno oficial del Mundial, titulado «DNA», mezcla de ópera y música electrónica.
Y Shakira estrenará la canción «Dai Dai» junto a la estrella nigeriana del afrobeat Burna Boy.
Y Shakira estrenará la canción «Dai Dai» junto a la estrella nigeriana del afrobeat Burna Boy.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum no asistirá a la apertura, que asegura transcurrirá «sin problemas» pese a la presión de las protestas que desde la semana pasada han impuesto el caos en la capital mexicana.
La inauguración «se va a llevar a cabo muy bien», insistió el jueves en su conferencia de prensa diaria.
México es el país con mayor afición de los tres coorganizadores y su estadio Azteca es una «catedral del fútbol», «bendecida por los dioses» de este deporte, en palabras el miércoles del presidente de la FIFA, Gianni Infantino.
Pero en esta edición no vive la pasión de sus dos mundiales anteriores.
El ambiente «lo siento medio bajo», indicó Víctor Flores, repartidor de 52 años. «En el 86 sí tuve la oportunidad de ir a partidos y parecía un carnaval (…) ahorita lo siento totalmente apagado», agregó.
Una encuesta reveló el lunes que solo 35% de los mexicanos confía en la Tricolor, que nunca ha pasado de cuartos de final en la historia de los Mundiales.
La competición se celebra además en un contexto de relaciones deterioradas con los Estados Unidos de Donald Trump, que ha amenazado con intervenir en suelo mexicano contra los cárteles de la droga.
En México se disputan 13 partidos y los elevadísimos precios de los boletos dejaron fuera de los estadios a las clases populares.
En lugar de festejar, éstas optaron por aprovechar la atención planetaria para hacer oír sus reivindicaciones.
«¡Boicot al Mundial FIFA 2026!», decía una enorme pancarta de camino al estadio Azteca, donde hace cuarenta años Diego Maradona marcó su polémico gol con «la mano de Dios» en el cuarto de final de Argentina contra Inglaterra (2-1).
Profesores de primaria y secundaria llevan semana y media reclamando violentamente mejoras salariales y de jubilación. Rechazaron la última propuesta del gobierno en una reunión la noche del miércoles.
El jueves se suman a ellos familiares de las decenas de miles de desaparecidos que enlutan al país y otros colectivos.
Su objetivo es converger hacia el Azteca, creando un enorme caos vial en esta megaurbe de 22 millones de habitantes, lo que puede dificultar el acceso al estadio y desembocar en choques con la policía.
«Este partido es una distracción, solo sirve a la FIFA, a Claudia Sheinbaum y a Estados Unidos», expresó un maestro en huelga bajo anonimato.
Sheinbaum ha calificado la protesta de «provocación» para que haya imágenes de represión durante el Mundial. Aseguró que no caerá en la trampa.
La presidenta izquierdista descartó desde hace meses asistir a los juegos disputados en el país e incluso regaló su boleto para la inauguración a una niña futbolista.
Sheinbaum anunció que seguiría el torneo con «el pueblo» en las pantallas gigantes instaladas en la gigantesca plaza del Zócalo, adonde comenzaron a llegar hinchas desde temprano.
«Vamos a tratar de ir dependiendo de cómo esté» la situación de las manifestaciones, dijo este jueves.
