Luego de un cierre del 2025 más alentador que lo esperado, la formación bruta de capital fijo (inversión fija) que efectúan las empresas en territorio mexicano arrancó el 2026 con renovada cautela.

Así lo indica el Indicador Mensual de la Formación Bruta de Capital Fijo (IMFBCF), toda vez que en enero pasado tuvo un descenso intermensual de 1.1%, con lo que cortó una racha de tres meses de recuperación, de acuerdo con cifras publicadas este lunes por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).

Se trató de la sexta caída intermensual en los últimos 12 meses. Mientras tanto, en el comparativo interanual se observó un decremento de 2.2%, con lo que se hilaron ya 17 meses de números rojos en esa métrica (en diciembre la retracción fue de 1.7 por ciento).

Por tipo de bien, la inversión fija se contrajo mensualmente en sus dos componentes, siendo los gastos en maquinaria y equipo los del descenso más marcado (-1.1%), mientras que los gastos en construcción bajaron 0.8 por ciento.

Desde la perspectiva del comprador, el lastre se ubicó en la inversión privada, que cayó 1.8%, en contraste con la pública, que subió 2.8 por ciento.

Las cifras del IMFBCF van en sintonía con las del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) para el mes de enero (publicadas el pasado 24 de marzo), que revelaron un descenso mensual de 0.9% de la economía mexicana.

Mientras que los números del IGAE muestran el comportamiento de la actividad económica del lado de la oferta, los datos de la inversión fija se ubican del lado de la demanda agregada.

En este último se ubican también el consumo privado, el gasto de gobierno y las exportaciones de bienes y servicios.

Este lunes el Inegi reportó que el consumo privado también tuvo un comportamiento negativo, al caer mensualmente 1.6%, descenso que resulta el mayor desde diciembre del 2024.

Durante el 2025 la inversión fija se contrajo 6.3%, producto de una baja de 4% en la de origen privado y de un desplome de 18.9% en la de origen público.

Entre el 2024 y el 2025 su peso como proporción del Producto Interno Bruto (PIB) bajó de 23.8 a 22.4 puntos porcentuales.

El indicador resintió la incertidumbre por un viraje de la política comercial estadounidense –frecuentemente errática– hacia posiciones más proteccionistas y la cautela ante los posibles efectos en el clima de negocios doméstico tras reformas como la judicial.

Además, pasó factura el proceso de consolidación fiscal del gobierno mexicano, mediante el cual se redujo el déficit fiscal de 5.8% a 4.9% del PIB de un año a otro, reflejándose en una menor inversión pública.