La Ciudad de México necesita replantear de fondo la forma en que gestiona el agua, tanto la pluvial como la de desecho, para hacer frente a problemas recurrentes como inundaciones, hundimientos y escasez, advirtió la investigadora posdoctoral del Instituto de Geografía de la UNAM, Natalia Verónica Soto Coloballes.
Desde su perspectiva, el modelo actual —basado en un sistema combinado de drenaje diseñado hace más de un siglo— resulta insuficiente para una ciudad que históricamente se desarrolló sobre un entorno lacustre. Por ello, propone pensar en una urbe que reconozca la coexistencia de distintas vertientes del agua y reorganice su manejo de forma independiente.
“Nos cuesta imaginar que el agua de lluvia y la de desecho pueden gestionarse por separado, pero así como en el pasado se buscó una ciudad seca, hoy podríamos pensar en una que reconozca su condición hídrica”, explicó.
Como parte de su investigación, Soto Coloballes impulsa el proyecto Geografías de la memoria hídrica en la Ciudad de México, que busca reconstruir el pasado acuático de la capital mediante cartografía histórica, fotografías aéreas, archivos documentales y testimonios orales.
El objetivo es identificar antiguos ríos, canales, lagos y manantiales que fueron modificados o entubados con el crecimiento urbano, y comprender cómo estas transformaciones han impactado el territorio.
La especialista subrayó que muchas de las avenidas actuales fueron en algún momento cauces naturales y que, aunque invisibles, el agua sigue circulando bajo la ciudad. Reconocer esa historia, dijo, puede abrir nuevas formas de relacionarse con el entorno urbano. Reabrir ríos y recuperar espacios verdes
Entre las propuestas destaca la posibilidad de reabrir tramos de ríos entubados —una práctica conocida como daylighting— para devolverles un cauce visible y, al mismo tiempo, recuperar parques, camellones y áreas verdes.
Este tipo de intervenciones ya se ha aplicado en ciudades como Seúl, Yonkers o Zurich, donde han contribuido a mejorar el entorno urbano y la gestión del agua.
En el caso de la capital mexicana, la investigadora considera que estas acciones podrían ayudar a mitigar problemas como las inundaciones recurrentes, que cada temporada de lluvias afectan especialmente a zonas bajas y pasos a desnivel.
Soto Coloballes explicó que el sistema de drenaje vigente fue diseñado a finales del siglo XIX con la lógica de utilizar el agua como medio para transportar desechos fuera de la ciudad. Sin embargo, 125 años después, ese enfoque sigue predominando.
“Seguimos pensando el agua como un vehículo para expulsar residuos» lo que transformó la hidrografía en una red de evacuación que terminó entubada, señaló.
Esta visión, añadió, ha contribuido a la degradación ambiental y a la pérdida de la relación natural entre la ciudad y sus cuerpos de agua, lo que hoy se traduce en problemas estructurales.
Cada año, durante la temporada de lluvias, la ciudad enfrenta encharcamientos e inundaciones que, según la especialista, evidencian la insistencia del agua por retomar sus antiguos cauces.
Ejemplos como el Viaducto Río de la Piedad reflejan ese pasado lacustre y, al mismo tiempo, las limitaciones del sistema actual para manejar grandes volúmenes de agua.
Para Soto Coloballes, entender que estos problemas están ligados a decisiones tomadas hace más de un siglo es clave para avanzar hacia soluciones más sostenibles.
En ese sentido, insistió en que reorganizar el manejo del agua en la capital no solo es necesario, sino también una oportunidad para repensar la ciudad desde su propia historia y naturaleza.
