Sepa La Bola
Claudia Bolaños
Y Sepa La Bola…. pero… aún falta camino por recorrer para las próximas elecciones que definirán quién se quedará al frente del Gobierno de la Ciudad de México y, aun así, ya se siente el calor de una carrera que oficialmente no ha comenzado.
En los pasillos del poder y en las redes de poder, más de un funcionario parece haber arrancado antes de tiempo.
La propia Jefa de Gobierno Clara Brugada lo tuvo que recordar: el proselitismo con programas y recursos públicos está prohibido.
El aviso no fue menor; fue una señal de que el problema ya es visible.
Entre los nombres que más se repiten en el corrillo político está el de Tomás Pliego Calvo, secretario de Atención y Participación Ciudadana. Versiones internas aseguran que, bajo su órbita, más de 4 mil servidores públicos estarían siendo activados para impulsar su imagen personal.
Sus cercanos presumen respaldo y repiten que las advertencias “no aplican” para su dependencia. ¿Será así?.
El argumento, dicen, es que cuentan con el visto bueno de Claudia Sheinbaum, pero en la política se pueden decir muchas cosas y no todas son ciertas.
En política, la insinuación suele pesar más que la prueba.
La mecánica descrita por quienes conocen la operación no es nueva: otorgar puestos o beneficios que deberían llegar a población vulnerable, dosificar apoyos y convertir cada trámite en una fotografía o un post.
La lógica es simple: que el ciudadano crea que todo depende de la intervención del funcionario en turno.
El riesgo, claro, es que los programas sociales pierdan su razón de ser y se conviertan en moneda de cambio político, algo que la ley electoral busca impedir precisamente para garantizar equidad.
Las redes sociales de la Secretaría de Atención y Participación Ciudadana son otro termómetro. Ahí abundan reclamos por falta de resultados, denuncias de favoritismo y preguntas sin respuesta.
En contraste, los mensajes de elogio aparecen coordinados, con cuentas que repiten consignas y defienden la gestión actual. La conversación pública se distorsiona cuando la crítica se ahoga en aplausos programados.
En la calle, la percepción también cuenta. No pasa desapercibido que un funcionario sin responsabilidades de seguridad se traslade en camioneta blindada y limite recorridos de cercanía salvo cuando la Jefa de Gobierno está presente. La foto, el video y el saludo medido parecen importar más que el contacto cotidiano con la gente. En una ciudad que presume participación, la distancia pesa.
El calendario aún corre lento. Si la capital quiere un proceso limpio, el freno debe aplicarse ahora. Porque cuando el proselitismo se disfraza de gestión, la democracia paga la factura.
Y Sepa La Bola, pero en la Cámara de Diputados no cayó nada bien la versión ofrecida por Ricardo Monreal en Querétaro, donde aseguró que ya existen acuerdos para sacar adelante la reforma electoral. La molestia no es menor, porque apenas un día antes el propio coordinador de Morena había dicho que desconocía cualquier avance en las negociaciones con el PT y el Partido Verde para respaldar la iniciativa presidencial.
El desliz contrasta además con lo dicho previamente por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien ya había adelantado que la reforma electoral sí se presentaría este mismo mes y que existían acuerdos políticos para impulsarla. La contradicción dejó al descubierto que algo se movió rápido —y no precisamente en público— dentro del bloque oficialista.
Y es que, en los hechos, todo apunta a que los aliados de Morena le aplicaron la clásica “manita de puerco” para frenar cualquier intento de modificar el número de plurinominales, uno de los puntos que, según un sondeo del propio Gobierno federal, sería una exigencia popular. Sondeo que, por cierto, nunca se hizo público pese a la promesa presidencial y que, a juzgar por el rumbo de las negociaciones, difícilmente verá la luz.
