EN MI OPINIÓN
*Víctor Castro Cosío y Alejandro Armenta, dos tipos de cuidado
Emilio Trinidad Zaldívar
No puede hablar de soberanía Claudia Sheinbaum Pardo cuando desde hace siete años están supeditados, subordinados, atados y sujetos a los cárteles de las drogas, de los que quiérase o no, son parte central de ellos y de su estructura mafiosa.
Lo dice cada que quiere Donald Trump y no miente. Morena y su gobierno son sinónimo de esas hordas de delincuentes que desde la cúspide del poder han tenido en jaque a toda la nación derramando sangre por doquier.
No hay ni habrá orden público, paz social y garantías de seguridad para la población, mientras los delincuentes sigan siendo funcionarios públicos de alto nivel.
No habría policías coludidos con criminales si sus jefes directos, alcaldes, gobernadores y altos funcionarios federales de la Sedena, SEMAR, Guardia Nacional, FGR y de la propia Secretaría de Seguridad Pública no estuvieran metidos, vinculados e involucrados en las estructuras de las cúpulas de delincuencia organizada.
Cuando la presidenta dice que debemos defender la soberanía, olvida que ésta radica en el pueblo, no en el gobierno, y que esa supuesta soberanía no existe porque la entregaron, porque son los capos de la droga los que deciden quién vive y quién muere, quién es candidato a algún cargo de elección popular y quién no; que pasa por aduanas y qué no. Ellos, los delincuentes, junto a altos funcionarios, controlan puertos, fronteras, drogas, gasolinas, productos del campo, sindicatos y diversas dependencias gubernamentales.
Mientras la señora Sheinbaum no se decida a detener a los verdaderos generadores de violencia, saqueo, corrupción e inestabilidad política, económica y social, que están muy cerca o arriba de ella (AMLO) por ejemplo, no habrá sosiego para esta nuestra dolida nación y su falsa defensa de la soberanía será sólo eso, una frase bonita pero hueca, llena de falsedad e incongruencia.
Cuando se decida entregar a narcogobernadores como Rubén Rocha, de Sinaloa; a Víctor Castro, de Baja California Sur; a Américo Villarreal, de Tamaulipas y a Marina del Pilar Ávila, de Baja California, entre otros funcionarios capos como Mario Delgado, titular de la SEP y uno que otro senador y diputado, locales y federales, además de los hijos de su mentor y jefe, entonces logrará no sólo respeto, sino la unidad nacional en la defensa real de nuestra independencia y soberanía.
Ella sabe lo que debe hacer para evitar riesgos de una invasión a nuestro territorio del desquiciado presidente de Estados Unidos.
¿Seguirá regalando petróleo a Cuba cuando aquí Pemex no le paga a proveedores y cuando nuestra gasolina cuesta en Estados Unidos menos de la mitad de lo que nos cuesta a nosotros aquí?
Lo único cierto y lamentable, es que Sheinbaum Pardo no entregará a ningún político o funcionario de peso a las autoridades norteamericanas, porque ella también fue beneficiada en su campaña política por la Presidencia con recursos financieros provenientes del narcotráfico.
PUEBLA Y BAJA CALIFORNIA SUR, ESTADOS GOBERNADOS POR DOS DESACREDITADOS Y CORRUPTOS POLÍTICOS
Alejandro Armenta tiene a Puebla en una situación de desastre. Entre sus corruptelas, sus ínfulas de grandeza, su conducta autoritaria, su comportamiento prepotente hasta con sus colaboradores, su insaciable deseo de mayor riqueza de la que ya había acumulado con su maestro del hurto Mario Marín; su vida de lujos y despilfarro del dinero de las arcas estatales y sus viajes al extranjero en aviones privados, hacen de él a un funcionario altamente peligroso para Morena y para la supuesta transformación de un México sin corrupción, impunidad y abuso.
Con él, la única certeza es que acabará como uno de los peores gobernantes de la entidad y quizás termine haciéndole compañía a su amigo Javier López Zavala.
Parece que se equivocaron al elegirlo a él y no a Ignacio Mier, con una larga y exitosa trayectoria política, que no tendría al estado en las condiciones deplorables de la actual administración, porque a él le sobra serenidad, sensibilidad, humildad y talento.
Armenta está empeñado en procesar penalmente a uno de los periodistas poblanos más serios, honestos e informados de la entidad, Rodolfo Ruiz, director del medio digital @e_consulta, porque no le gusta que éste talentoso y valiente comunicador, indague sobre su vida y comportamiento político.
Algo similar sucede en Baja California Sur, donde un errático, torpe y muy corrupto gobernador, tiene a la entidad sumida en una brutal crisis por falta de seguridad, por la colusión de él y de sus colaboradores con las bandas criminales, por el abandono a los sectores productivos y por las uñas muy largas que tienen para llevar a sus cuentas personales los dineros del erario estatal.
Víctor Castro Cosío es un hombre sin carácter, falso, traidor, ambicioso y carente de habilidad, preparación y talento.
Trae un lío en su sucesión, en la que ya no sabe si seguir impulsando a su esposa Patricia López, o a alguno de los dos alcaldes de las ciudades más importantes de Baja Sur.
La familia Agundez, que se cree dueña de Los Cabos y Milena Quiroga, que llegó a la alcaldía de La Paz gracias en mucho al apoyo que recibió de Rubén Muñoz, son los dos más aventajados que pelean por la sucesión, pero muy de cerca les sigue los pasos el mencionado exalcalde de la capital sudcaliforniana y exdiputado federal Muñoz Álvarez, cercano a los afectos de la presidenta Sheinbaum y quien por mucho es el más preparado y experimentado de los aspirantes a suceder a Castro Cosío. También alzan la mano los senadores Homero Davis y Lucía Trasviña.
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