Por Marco Arturo Urquides T.

Las remesas, ese salvavidas económico para millones de familias mexicanas, han encendido las alertas. Los datos de febrero de 2025 revelan un preocupante descenso al pasar de 4 mil 575 millones de dólares en el mes de enero a 4, mil 159 millones en el mes de febrero, que representa una ciada de 4.3 por ciento

Esto no es un hecho aislado, porque representa el cuarto mes consecutivo a la baja, algo que no se veía por más de una década.

Aunque comparando el monto anual, el nivel de remesas presenta un incremento de 0.6 por cieno respecto al mes de enero de 2024. Pero esto no desaparece la tendencia a la baja en los envíos mensuales. En cuanto al mismo periodo la comparación anual también resulta desalentadora, con una caída del 0.8 por ciento en febrero.

¿Qué está detrás de este enfriamiento en el flujo de remesas?

Gabriela Siller Pagaza, directora de Análisis Económico-Financiero de Grupo Financiero Base, apunta a una tormenta perfecta: «El mal dato de remesas de febrero se debe al deterioro del mercado laboral de Estados Unidos, depreciación del peso y miedo a salir por la posibilidad de ser deportados».

La combinación de un mercado laboral estadounidense menos boyante, la depreciación de la moneda mexicana (que reduce el poder adquisitivo de las remesas) y el temor a las políticas migratorias más restrictivas en Estados Unidos, está generando un clima de incertidumbre que impacta directamente en el bolsillo de los migrantes y, por ende, en la economía mexicana.

La situación actual evoca periodos de crisis anteriores, como el que siguió al ataque a las Torres Gemelas en 2001 y la crisis financiera global de 2009. La persistencia de esta tendencia negativa podría tener consecuencias significativas para la economía mexicana, especialmente para las familias que dependen de las remesas para cubrir sus necesidades básicas.

Es crucial que las autoridades mexicanas monitoreen de cerca esta situación y exploren medidas para mitigar el impacto de la caída en las remesas. Diversificar las fuentes de ingresos de las familias receptoras, fortalecer el mercado laboral interno y promover la inclusión financiera son algunas de las estrategias que podrían ayudar a amortiguar el golpe.

El futuro de las remesas mexicanas es incierto, pero los datos de febrero de 2025 nos invitan a la reflexión y a la acción. Ignorar esta señal de alarma sería un error que podría tener graves consecuencias para el bienestar de millones de mexicanos.